miércoles, febrero 14, 2018

Lío semántico interespacial


Está temblando el mono, ves a taparle con una manta. Gracias. Bien, a pedir milagros. Certeza de cerezas, casualidades espontáneas que hagan temblar los cimientos de lo adosado a mi espalda. Ves, aquí tengo una peca. Ves, ahí, justo debajo del omoplato, tengo un pequeño morado. Fue San Pedro, el concerseje de mi arrogancia el que me lo hizo: se tropezó con tus sospechas y me dió un golpe fortutito. Está enamorado del mono, pero sus padres no se lo permiten. Hay que dejar fluir, siempre que se pueda. En el amor, en la vida, ya sabes. Mañana si eso te hablo del conserje de fin de semana. se llama Aurelio. Tiene las cinco vocales. LAS CINCO. Bah, te lo cuento ya. Total, esto ya se acaba. Aurelio, fíjate, trabaja gratis. Sí, sin cobrar. Creo que por eso nunca saluda. Vale, no es la mejor historia del mundo pero me parece curioso que alguién trabaje y no reciba ni una pequeña retribucióm. Le preguntaré al mono, que él se entera de todo.


p.d.: portada banda Wand

lunes, febrero 12, 2018

Los hombres de gris atacan de nuevo


Entre el odio y la sensatez,
pánico el de los demás
cuando arrasan mis pupilas
la mañana desconocida.
Volcán de furia incontrolable,
pero escucho atentamente
los motivos y las razones de
la razón y de la eternidad.
Asiento. Ajá.
Asiento. Ajá.
Y noto una quemazón en mi interior
que empieza a subir desde el
noble estómago hasta la
ruidosa garganta, y estalla
sin avisar.
Pum. Pam.
Todo asolado, ya no ha nadie
a quién llorar.
Que pasen los segundos,
que pase el tiepo,
y, entonces, me empezaré a disculpar
por la torpeza de mi ira,
por la torpeza de mi furia,
por ser un bebé sin afeitar

martes, febrero 06, 2018

Psicodelia los martes, guisantes los lunes


Caminaba por el terrible y seco desierto el sultán deshauciado, bajo los repetitivos y punzantes rayos de sol, que le abrasaban la piel del rostro y apenas le dejaban respirar. Su rostro estaba empapado de sudor, y arrastraba un sarcófago atado a una cuerda que le volteaba la cintura. Inclinaba su cuerpo para hacer fuerza y tirar del sarcófago.

En su largo camino desde el inicio de su condena, primero se encontró con un viejo comerciante.

"Tú en tu soledad sonora, ausente de hogar y con el rostro empapado, vagando por esta condena de calor. Veo que agua no llevas, y mi vasija rebosa de ella, ¿Aceptarías esta vasija por el sarcófago que arrastras amargamente?


El sultán deshauciado apenas le prestó atención, seguía vagando sin rumbo, arrastrando con parsimonia el sarcófago. Dejó atrás al viejo comerciante. El sol brillaba con fiereza, y él caminaba apenas con los ojos abiertos, supirando la falta de todo.

Siguió caminando y se encontró un bandido de mirada severa. Éste último metió su mano lentamente debajo de su túnica para sacar un afilado cuchillo, pero cuando vió lo que arrastraba el sultán deshauciado, guardó el cuchillo sin emoción y se quedó observando el lento caminar del amargo condenado, que se alejó a un ritmo lentísisimo, casi de desesperación.

Su tercer encuentro fue con una serpiente

"Tal vez te entienda, tal vez no. Hete aquí que hablas con un animal, y yo hago lo propio con una persona. Tal vez seamos dioses, quimeras atrapadas en este desierto de calor y furia que intentan comprender su suave tempestad. Tal vez, si yo te muerdo, y tú me muerdes a mí, despertemos los dos en una realidad soñada, que sea nuestra.¿ Me dejas morderte?"

El sultán deshauciado, se quedó observando a la fina serpiente, pero emprendió la marcha al cabo de un buen rato.

Los surcos que iba dejando el sarcófago en la arena eran presentes sin final...

Los surcos que iba dejando el sarcófago en la arena eran presentes sin final...

Los surcos que iba dejando el sarcófago en la arena eran presentes sin final...


Y a esto que llegó la noche, la luna en el cielo iluminando las sombras y los sueños. El sultán deshauciado cesó su peregrinación, y desató la cuerda del sarcófago y de su cintura. De rodillas,se arrastró hasta el sarcófago y lo abrió. Se inclinó, y abrazó el cuerpo que había en él, que era exactamente igual que sí mismo. Y el cuerpo al que abrazó, fue girando lentamente, incorporándose, hasta meter su cuerpo dentro del sarcófago. Lo cerró y volvió atar la cuerda. Miró las estrellas. Se ató el otro extremo de la cuerda a la cintura y empezó a caminar. Una vez más.



p.d.: portada Quentin Gas & Los Zíngaros

lunes, febrero 05, 2018

Sense inspiració VII


Está lloviendo, un hombre pasa montado en una bicicleta azul a toda velocidad, va con las manos libres, sin asir el manillar, y levanta los pulgares hacia arriba, sonriéndome. Yo tengo un paraguas barato con goteras del revés, un golpe de viento lo ha volteado. Hace viento, llueve, pero he visto lo de los pulgares hacia arriba. Contento, he empezado a bailar breackdance bajo la lluvia. Justamente, pasaba un caza talentos y me ha ha contratado para la próxima gala de publicistas guais y me ha dicho que voy a ganar tanto dinero que podré comprarle una casa a Jack White ¡Qué emoción!¡Es el tercer mejor día de mi vida!

jueves, febrero 01, 2018

Le broma


Siempre le habían atraído las personas malignas. La buenas también,ojo, pero las primeras solían odiar a todo el mundo menos a él, y se creaba una especie de amistad para nada malsana. Además, eran más interesantes. Así, pues, siempre iba con personas malignas. Se había hecho amigo del conquistador de planetas Froilán, el cuál había asesinado a miles de millones de habitantes del sistema solar. Había compartido piso con la asesina de Neo Tokio, Pakita San. Banqueros, políticos, asesinos, conquistadores, publicistas...De todos l@s mal@s era, o había sido, amigo. Vivió una vida plena e interesante, y tuvo la suerte de morir de viejo. Nadie acudió a su funeral, ni siquiera él. Fin.




viernes, enero 26, 2018

Los detalles


Moría yo lentamente, señalado por los malos y acorralado por los indeseables. Y, en esa tesitura, intentaba recordar tu sabor. ¿Era vida? ¿Era sueño? Pasaba la punta de mi lengua por mis finos labios ¿A qué demonios sabías? Cuando pensaba que era dulce, un punto salado nublaba mi mente. ¿ Sabías a arándanos? ¿Sabías a canela? ¿O era a mar? Seguía yo atosigado por la gente mala, por los desgraciados demonios con objetos punzantes que clavaban en mi flácida carne y retorcían con poca delicadeza. El dolor ya no existía, tan solo un aturdimiento monótono y clásico. Y yo seguía sin saber a qué sabías. ¿A pasado? ¿A presente?. Me esforzaba en averiguarlo, pero no lo conseguía...Moría. Muero. Fin.


martes, enero 23, 2018

La cordialidad del existencialismo


Camino caminando en un día normal, no blasfemo, con la intensidad justa para no desbordarme, tanto emocional como físicamente. Así, pues, camino y a una cierta distancia distingo entre la escasa multitud a una persona conocidada. No amiga del alma ni alguien a quien odiar, simplemente a una de esas personas que suceden, y poco más, en la vida de uno y ya está.
Pues al pasar por mi lado, a escasos metros, hago un gesto con la cabeza, levantando el mentón para saludar pero la otra persona me ignora, continua caminando e ignorándome cuando yo sé que me ha visto. Se ha hecho la despistada pues imposible no reconocer a alguien a esa distancia..

Pero, venga, me digo que da igual, que no pasa nada. Sigo caminando, mis piernas obedecen a mi cerebro, y me percato que apenas hago ruido al caminar. Entonces, vaya tú, me fijo que a lo lejos, no mucho pero lo suficiente para utilizar la expresión " a lo lejos" veo a otra persona conocida, del mísmo perfil que la anterior con la que me había cruzado antes, pero que me cae ligereamente mejor. A medida que la distancia se acorta, empiezo a sonreír y cuando emito un breve "eh" para saludarle, pasa de largo. Negándome el gesto, negándome el saludo.

Y yo me enfado. No es tan difícil saludar, no es tan difícil realizar un gesto efímero de concordia, y resuena en mi cabeza la vieja cantinela de que la gente es más arisca en la actualidad que antaño. Sigo caminando, divagando la bordería de la gente cuando, otra vez, sí, a los lejos, veo a otra persona conocida. Realmente me da pereza saludarla. Y me pongo tenso y rígido. Tengo que hacerme el despistado, que no se note que la he visto y no quiero saludarla. Pongo cara de que pienso, pongo cara de que no estoy en este planeta, de que estoy muy lejos, demasiado lejos, cara de estar abstraído y absorto en preocupaciones tan intensas que me impiden darme cuenta de que hay una persona que conozco y no la saludo.

Por fin, pasa el trámite de ignorar un saludo y no puedo evitar sentirme culpable. Continuo caminando, yo antes no era así. Antaño, todo me importaba una mierda. En la actualidad, todo es irreal.